Boda de Susa y José en Cartagena. Tradición y mucha diversión
La organización de la boda de Susa y José partió de una idea muy clara: crear una celebración en la que todas las generaciones se sintieran cómodas y pudieran disfrutar de verdad.
Para ellos era especialmente importante que sus abuelos vivieran plenamente la ceremonia, el cóctel, el banquete y también la primera parte de la fiesta. Por eso, durante todo el proceso tuvimos muy presente ese equilibrio entre tradición y diversión: una boda elegante, familiar y cuidada durante gran parte del día, que poco a poco evolucionara hacia una fiesta mucho más desenfadada y pensada para los más jóvenes.
También querían una estética fina y elegante, pero sin excesos. Nada demasiado recargado, sino una decoración natural, luminosa y bien integrada en los espacios. La propuesta floral, de Petit Bouquet, se trabajó con paniculata, verdes y tonos suaves, creando una imagen delicada y coherente en toda la boda.
La ceremonia religiosa se celebró en la Iglesia Castrense Nuestra Señora de Loreto, en Santiago de la Rivera. Durante los días previos, el sacerdote había insistido especialmente en una condición: la novia debía cruzar la puerta de la iglesia exactamente a las 12:15. Ni un minuto antes ni un minuto después.
Así que toda la planificación de la mañana se organizó al milímetro. Y sí: después de algún que otro nervio, Susa atravesó la puerta de la iglesia justo a las 12:15.
Tras la ceremonia, los invitados se trasladaron a la histórica Finca Marquesa de Fuente González, donde comenzó el cóctel. La música en directo creó desde el principio un ambiente muy animado, con los invitados relajados, copa en mano y muchas ganas de celebrar.
Después llegó el banquete, a cargo de Catering Con Pico Fino. Las mesas mantuvieron la misma línea estética de toda la boda: sencilla, elegante y muy cuidada. Sobre ellas se dejaron cámaras desechables para que los invitados pudieran hacerse fotografías durante la celebración, que más tarde los novios revelaron una vez pasada la boda.
Además, cada invitado encontró una bolsita con detalles preparada especialmente para la ocasión. Las acuarelas de Once Musas fueron otro de los recuerdos más especiales de la boda: un regalo original y personalizado que los invitados pudieron llevarse a casa.
Durante la comida no faltaron los discursos, los momentos emotivos y muchas risas. Todo se desarrolló con un ritmo cómodo y pensado para que los invitados de mayor edad pudieran disfrutar sin sentirse fuera de lugar.
La primera parte de la fiesta mantuvo ese espíritu familiar. Un grupo de música en directo fue el encargado de poner a todo el mundo a bailar, y la respuesta fue tal que los invitados no querían que la actuación terminara.
Más tarde, la celebración cambió por completo de ritmo y dio paso a una segunda parte mucho más desenfadada. En el interior se prepararon distintos espacios de entretenimiento: toro mecánico, fotomatón, glitter bar y varios rincones de dulces.
Uno de los puntos más exitosos fue el candy bar, preparado por Decoraciones Choni, la madre de la novia, que creó una estructura llena de detalles y con muchísima personalidad.
Con Newtekno al frente del sonido y la iluminación, la fiesta continuó durante horas. Una boda pensada con mucho equilibrio: tradicional cuando tenía que serlo, divertida cuando llegó el momento y, sobre todo, diseñada para que cada generación encontrara su manera de disfrutarla.



