Becky y Dom viven en Reino Unido y eligieron el Grand Hyatt La Manga Club para celebrar una boda de destino pequeña e íntima, acompañados por sus familiares y amigos más cercanos.
La jornada comenzó en una de las villas del resort. Becky se preparó junto a su madre y sus damas de honor, mientras Dom compartía los momentos previos con sus best men. Un comienzo tranquilo y cercano, muy acorde con el tipo de celebración que habían imaginado.
Desde el principio, tuvieron claro que no buscaban una boda ostentosa. Querían que todo reflejara su manera de ser: sencilla, cercana y natural, pero con un gusto especial por las cosas bien hechas.
Por eso, la decoración se planteó desde una estética limpia y equilibrada, basada en tonos blancos y verdes, con una propuesta floral sencilla, fina y muy integrada en el entorno. Más que llenar los espacios, buscábamos acompañarlos y respetar la belleza natural de La Manga Club.
Para Becky y Dom, la calidad estaba en otros detalles: una buena gastronomía, una organización cuidada, una atención cercana a sus invitados y una celebración que fluyera de principio a fin.
La ceremonia tuvo lugar en una de las terrazas del hotel, con vistas abiertas al paisaje. Aunque se preveía un día caluroso, ellos querían que sus invitados disfrutaran del exterior, precisamente una de las razones por las que habían elegido celebrar su boda en España.
Para hacer el momento más confortable, colocamos abanicos y sombrillas de bambú, que protegían del sol y, al mismo tiempo, encajaban de forma natural con la estética de la ceremonia. La música de un arpa en directo terminó de crear una atmósfera serena y muy especial.
Después de la ceremonia, los invitados subieron a la terraza superior del hotel para disfrutar de una recepción animada, con música, aperitivos, Aperol y champagne. Un momento relajado y divertido que dio paso a la cena, también al aire libre.
Durante el banquete no faltaron los discursos, llenos de humor, recuerdos y emoción, capaces de hacer reír y llorar casi a partes iguales a todos los presentes.
Al terminar la cena dimos paso el primer baile de los novios y el comienzo de la fiesta amenizada por el DJ y un saxo en directo. Y aunque se trataba de una boda pequeña, la energía fue enorme. La pista se mantuvo llena durante horas y todos disfrutaron de una celebración muy animada y divertida.
Una boda íntima, elegante sin excesos y completamente fiel a la esencia de Becky y Dom.



